Hermosillo, Sonora 18 de octubre 2018.- Se cuenta la historia de la ciudad. Esos lugares emblemáticos: Cerro de la Campana, Centro Histórico, entre otros. Se construye desde la mirada infantil, la belleza por antonomasia: Los niños y las niñas del Pitic.

Son las y los fotógrafos del Colectivo de Fotógrafos de Sonorense quienes disparan sus cámaras desde hace cinco años, cinco ediciones. La captura de la alegría. La que se exhibe ahora en Centro CRIT, en el marco del Festival estatal de la imagen FotoSonora 2018, que coordina el Instituto Sonorense de Cultura (ISC).

Antes de la inauguración oficial, Mario Welfo Álvarez Beltrán, director del ISC, agradeció a la familia CRIT Sonora por la unión de esfuerzos para llevar a cabo esta exposición.

“Estamos conscientes de la sensibilidad que nos transmite la fotografía. Esta exposición retrata el quehacer de las familias que aquí coinciden, retratan la sensibilidad y esencia de nuestros niños y niñas, este modo de vida es para nosotros realmente importante y motivante”, destacó.

Álvarez Beltrán rememoró la diversidad de actividades que ISC y CRIT han desarrollado juntos, y ejemplificó la edición de un libro de fotografías que recoge las memorias de estas exposiciones, libro que circula y está a disposición en la Biblioteca Digital Sonora.

El fotógrafo Luis Bernal, integrante del Colectivo de Fotógrafos, expresó: “Hemos sido testigos de la lucha diaria de las familias, de su perseverancia, de su empeño y de las ganas infinitas de salir adelante. Al igual que nuestra ciudad, cada amanecer despiertan venciendo cada uno de los obstáculos que se les presentan, por eso, son nuestro ejemplo a seguir”.

Fotos de la elocuencia

Un niño adquiere súper poderes. Extiende sus brazos y un rayo de luz emerge desde su interior. La perspectiva, la iluminación, es la perfecta historia que se construye desde un clic. La imagen del niño es en el umbral de la biblioteca del Museo de Universidad de Sonora. Impresionante. Catártico. El arcoíris imbrica con la sonrisa.

Taciturno y receptivo. El niño-adolescente escucha atento los versos que el vate Abigael Bohórquez le dicta en cercanía. En el centro de la ciudad una estatua es emblema y recobra vida. No puede ser de otra forma cuando la poesía es poesía. Un encuentro superlativo. La existencia del niño-adolescente y los versos de Bohórquez. Coincidencia contumaz. Más que una foto, una imagen que impacta de nostalgia.

El mar ahí, al alcance de la mirada. El niño sobre ruedas escucha el gorjeo de las aves, y siente el movimiento de las olas. Su cuerpo se adhiere a la postal que es la tarde. Cuánta perfección en el encuadre. Un sol que es mar y arena.

La niña y su vestido azul. Con un listón amarillo. La pulcritud en la mirada. De fondo los rombos que son arquitectura. Sugerencia de ese espacio adonde la niña acude, allí donde el arte se manifiesta. En el interior del Kiosco de la Pitic. La niña y sus huaraches blancos. Un broche en el pelo. Cuánta ternura en una prenda de luz, los ojos, siempre desde sus ojos.