20 febrero, 2024
Radio Sonora
Opinión de Mayra Borbón

No se nace feminista, se llega a serlo

Si hubiera conocido el feminismo a los quince años, me hubiera ahorrado media vida de ansiedad, dudas, culpas, injusticias, gaslighting, mobbing, mansplaning, la angustia por demostrar mi capacidad intelectual a cada momento, la preocupación por ser productiva, agradar al sistema y haber padecido el síndrome de la impostora. Habría obtenido las respuestas que tanto busqué en los lugares equivocados y, lo más importante, hubiera sido una joven más feliz. El feminismo llegó un poco tarde a mi vida, pero a tiempo para sanar.

Las mujeres crecemos pensando que algo está mal en nosotras y que tenemos que esforzarnos para enmendarlo. Estamos sometidas a la evaluación de otros todo el tiempo y esa mirada que califica está encarnada por toda la sociedad. El respeto para nosotras no está dado, hay que ganárselo y esa presión alimentada por la misoginia nos resta libertad y calidad de vida. ¿Cuántas mujeres nos hemos preguntado por qué nos rechazan con solo vernos? ¿Qué alimenta ese prejuicio en nuestra contra? Estas son preguntas que nos hacemos secretamente y una vez que lo entendemos, el camino se vuelve menos sinuoso porque no lo transitaremos solas.

El feminismo, además de ser el movimiento social más representativo de las últimas décadas, es una postura política y una forma de analizar la realidad. En palabras de Nuria Valera: “el feminismo es una ética, una forma de estar en el mundo. Porque precisamente lo que queremos es cambiar el mundo”. Como doctrina política, el feminismo cuestiona el poder y al patriarcado, propone deconstrucciones y la opción para un nuevo orden.

El movimiento feminista surge a partir de la conciencia colectiva de la desigualdad social en razón de género, visibiliza la discriminación, los prejuicios y la misoginia que atraviesan a nuestra cultura y a las leyes. El feminismo es también un conjunto de teorías que nos permite cuestionar los mandatos de género, nuestra forma de amar y nuestra posición en la sociedad. Se articula a partir de la idea de justicia y profundiza en temas como la igualdad y la equidad. Por ello, el reconocimiento del feminismo es fundamental para la democracia.

Ponerte las gafas moradas es liberador porque comprendes que la mayoría de los problemas de las mujeres no son casos individuales sino una cuestión sistémica. Se duda de nosotras de manera sistémica, somos blanco de insultos que cuestionan nuestra moralidad y que siempre involucran nuestros cuerpos o nuestra sexualidad, se nos exige más en nuestros trabajos y se nos atribuyen rasgos esencialistas. Como pueden ver, estamos juntas en esto y gracias al feminismo se nos han revelado los orígenes de la desigualdad de nuestro género. No se nace feminista, se llega a serlo y el momento en el que ocurra será el correcto.

Esta semana en la que conmemoramos el Día Internacional de la Mujer, es importarte recordar las conquistas ganadas por las mujeres feministas del pasado porque nos han legado el derecho a votar, a divorciarnos, a la educación, a tener propiedades a nuestro nombre, una cuenta bancaria, un empleo y una profesión. Han construido para nosotras un mundo más justo por el que debemos seguir luchando.

Este movimiento no tiene dueñas, no es exclusivo de los países desarrollados, no tiene líderes ni una teoría única. Hagamos este proyecto nuestro porque la verdadera rebeldía es abrazarnos, conocernos, escucharnos, crear redes de mujeres y desafiar la competencia patriarcal que se nos ha impuesto en este mundo neoliberal.

Salgamos a marchar, a gritar nuestras consignas y que la sociedad sepa que estamos juntas, y que somos mujeres del siglo XXI.

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Mayra Borbón

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