11 agosto, 2022
Radio Sonora
Opinión de Juan Carlos Puebla

A favor de la propina

Los criterios abrumadores y la excesiva burocracia en el mundo laboral terminan despersonificando el trabajo. México es de esos países que intenta eliminar la burocracia creando más sistemas burocráticos. Los empleados de medianas y grandes empresas están hastiados por la excesiva fiscalización ineficiente en su trabajo. Se preocupan más por evadir al sistema que por trabajar –el célebre ingenio mexicano es fruto de la improductiva carga que crea nuestra cultura del trabajo–. La vida de Godín mata toda iniciativa y creatividad en la práctica laboral. Es preferible sobrevivir al sistema antes que ser ahogado por la burocracia. Se carece de tiempo para pensar e innovar en el trabajo porque se crean medidores agresivos que promueven la desconfianza en el actuar. Toda iniciativa personal pierde sentido cuando se asfixia al asalariado en procesos masificados, ridículos y mecánicos. Ante esta realidad, querido lector, propongo una solución polémica: hay que normalizar la propina en las diversas profesiones que se practican.

La propina es un pacto entre personas en el cual el cliente reconoce la beneficiosa actividad del empleado. El trabajador gana reconocimiento y dinero directamente. La gratificación es inmediata, no hay intermediarios o sistemas que la sojuzguen. Cuando se acepta el trato de la propina entre el comprado y el servidor, se humaniza y personaliza el trabajo del empleado. Este pacto de compensaciones, practicado sobre todo en los negocios gastronómicos, puede regresarle al empleado la motivación de trabajar bien porque lo invita a asumir su labor dentro del negocio y a ser recompensado por ella. El mesero sabe que en cada mesa hay una posible remuneración si atiende bien a sus comensales. El profesor preparará mejor sus clases si después de cada una recibe una recompensa. Los albañiles acelerarán su trabajo si cada día de construcción, el supervisor de obra les da una propinita. En todo trabajo que involucre relación entre personas, se puede promover la cultura de la propina. Es más humano que mediante una negociación directa, sin sistemas apabullantes y generadores de corrupción, los involucrados lleguen a un acuerdo de confianza que llamaremos propina. El propinatario recuperará el sentido personal de su actuar y el propinador tendrá la oportunidad de practicar la justicia al tratar directamente con otra persona que le ha ofrecido un servicio.

La promoción de la propina tiene serias complicaciones. Jesús Silva-Herzog Márquez en el año 2004 escribió un artículo titulado, «Contra la propina». En él, el mexicano expone los argumentos del italiano Archibugi para oponerse a la propina. El principal argumento es que la propina es antidemocrática, «¿Por qué pagamos propina al mesero que trae los platillos en un restorán, y no al cocinero que prepara la comida? », cuestiona el escritor Silva-Herzog; además, el artículo enfatiza en que la propina depende de la voluntad del propinador, lo que ocasiona que las razones del cliente para propinar al propinatario sean injustas. ¿Qué pasa con el empleado que recibe propina por ser más guapo y amable que su colega?

Para los países con un alto funcionamiento democrático, me parece ofenisvo promover la cultura de la propina –de hecho, ya lo es–. Pero, para los países pseudodemocráticos con una inmensa tradición centralista, la propina puede liberar a los profesionistas de la temida burocracia corruptora causando una mayor iniciativa personal en sus actividades laborales cotidianas. Para asegurarse de que la propina no propicie más problemas de discriminación, racismo o desigualdad, deberíamos replantearnos el valor de cada profesión. Si examinamos los trabajos más indispensables en la vida del mexicano nos llevaríamos una sorpresa. La cultura de la propina bien estructurada y pensada se puede promover a través de la educación. Incluso, si se hace bien, será el antídoto a la desigualdad laboral. En este proceso de culturalización propinal pondremos en duda todo el pragmatismo existente en el sistema laboral, ¿un profesor de educación básica merece más propina que un ingeniero mecatrónico?

La mayor razón para estar a favor de la propina es la salud mental de los mexicanos porque contrarrestaríamos a la burocracia mexicana que tanto nos tortura. La polémica propina es un pequeño incentivo humano que nos libera del sistema en la inciativa privada y pública. Para un trabajador mexicano, no hay mayor satisfacción que recibir un dinerito por tu buen trabajo de la mano de otro paisano sin que unos terceros (intrusos) metan mano.

Noticias relacionadas

Entre sabios y sabiondos

Juan Carlos Puebla

Acedia social

Juan Carlos Puebla

Adoctrinamiento cabal

Juan Carlos Puebla

Romanticismo negro

Juan Carlos Puebla

Los finales de la historia

Juan Carlos Puebla

Dejar un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

"A 39 años, recuperando nuestra radio"