20 febrero, 2024
Radio Sonora
Opinión de Alfredo y Rocío

¿Por qué se hace una marcha de la Ciencia?

Rocío Bermúdez Ramos
Alfredo Manríquez Rangel

El próximo 22 de abril se celebra la “Marcha por la Ciencia” en distintas ciudades del mundo, incluidas algunas de nuestro país. En la ciudad de Hermosillo, el evento está siendo organizado por un entusiasta grupo interdisciplinario de estudiantes de nivel superior.

Desde 2017, la Marcha por la Ciencia es un movimiento donde se congrega la comunidad científica, personal académico, estudiantil y la ciudadanía con el objetivo de construir un mundo con políticas públicas basadas en evidencia científica. Su primera edición se realizó en Estados Unidos como una resistencia a la política negacionista de Trump ante el Cambio Climático. Es por ello que su celebración se lleva a cabo en la semana del día de la Tierra, pero éste no es el único tema que se busca poner en la agenda pública. Entre algunos otros objetivos se encuentran: el financiamiento público de la ciencia, promover la educación científica en las escuelas y animar al público a participar de una cultura más científica.

Nuestro país también comparte estos objetivos. Por un lado, la fracción del PIB dedicada a ciencia es baja y constituye un problema en cada sexenio. Típicamente este valor es menor al 0.5%, mientras que en países desarrollados se encuentra entre 2% y 3%. Pero la inversión en ciencia no es suficiente para garantizar una cultura más científica. Parte de la problemática tiene que ver con que el conocimiento científico y tecnológico generado se queda al interior de los institutos de investigación. Esta desconexión entre los espacios académicos y la población es un problema que se comparte con otros países.

En la encuesta de Percepción Pública de la Ciencia 2017, la última realizada, se pone en evidencia que la población mexicana tiene mucho interés en temas científicos. Además, y a diferencia de Estados Unidos donde inició la Marcha por la ciencia, en México no existen movimientos sociales o políticos que públicamente nieguen el conocimiento científico. En su caso más optimista, la realidad de la sociedad mexicana es que no existe una familiaridad con la ciencia y la tecnología, así como sus métodos; abundan los productos milagro, las lecturas de manos, las limpias, la astrología y otra clase de prácticas y productos de las pseudociencias. Esto incluso cuando contamos con institutos y publicaciones científicas de primer nivel.

Así, la pregunta que podemos hacernos es: ¿Qué impedimento tiene la ciencia en México para llegar a la población y resolver esta brecha? Para responder esta pregunta debemos hablar del analfabetismo científico. Este término, acuñado por Marcelino Cereijido, médico e investigador mexico-argentino, habla de la incapacidad de observar el entorno de forma crítica y conformarse con explicaciones a medias que involucran aspectos fantásticos, milagrosos o sobrenaturales.

En el caso de la educación básica, la Constitución la protege contra el analfabetismo científico, en su artículo tercero. En éste se garantiza una educación con bases científicas y ha permitido que los saberes de la sociedad mexicana estén parcialmente blindados en contra de ideas que nieguen la utilidad de la ciencia y la tecnología.

Entonces, tenemos las leyes y las instituciones; tenemos el interés de la sociedad y, aunque nos falta más inversión, podemos preguntarnos; ¿qué más podemos hacer? Generar los espacios para lograr el vínculo entre la comunidad científica y la sociedad, así como aprovechar los existentes, es una de las propuestas dentro de la comunidad para sanear la brecha entre sociedad y academia.

En Sonora existen diversos espacios donde personal académico de investigación y divulgación interactúan con la población para popularizar el conocimiento científico. Por ejemplo el planetario Antonio Sánchez Ibarra en Cajeme; en Hermosillo el Planetario del Parque Infantil, así como el Centro Ecológico donde también hay un observatorio abierto al público. En Puerto Peñasco se encuentra el Museo Schuk Toak y algunos otros. Además de diversas actividades que se llevan a cabo durante el año como congresos y exposiciones de ciencia dirigidos a jóvenes y población infantil.

Las marchas y manifestaciones han servido para dar visibilidad a problemas sociales. Entender que el analfabetismo científico está presente en nuestra sociedad es importante para combatirlo. El camino hacia una cultura más científica se puede lograr atendiendo los problemas emergentes con una perspectiva crítica y escuchando a quienes trabajamos en labores de comunicación y difusión científica. Quienes organizan la Marcha por la ciencia intentan hacer visibles posibles soluciones a este problema. Así que, el día 22 de abril, si nos encontramos en la ciudad de Hermosillo, no olvidemos tocar bocina para dar nuestro apoyo a este movimiento.

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