20 febrero, 2024
Radio Sonora
Opinión de Alejandro Zepeda

Más allá de dádivas

Se escucha por diversos pasillos llamar las políticas de transferencias monetarias no contributivas como regalar dinero. En la superficie, el acto es, precisamente, el de realizar una transferencia de dinero hacia una persona que se encuentra en una situación específica de vulnerabilidad. En primera instancia, esto podría parecer como una intervención simple, por ello, considero importante que se disemine ante la población los fines y objetivos que contienen este tipo de programas utilizados virtualmente por todos los países en vías de desarrollo.

Me gustaría abordar el hecho de que las críticas realizadas por las diversas fuerzas políticas gozan de cierta incongruencia. Los programas de transferencias sociales tienen una larga historia en nuestro país, no son nuevos. Estos llevan desde 1997 con los reconocidos Progresa-Oportunidades-Prospera, diseñados con el fin de romper el ciclo intergeneracional de la pobreza.

¿Qué quiere decir esto y cómo lo pretendían hacer? el ciclo significa que existe una limitante debajo de un ingreso para realizar una inversión en el capital humano de los hijos, por lo que el progreso del nivel educativo y de salud no se ven afectados positivamente con relación al de sus padres, lo que genera una perpetuidad en el estado de pobreza.

Al emprender el diseño de dichos programas, se identificaron tres variables que evitaban el desarrollo óptimo de las personas. Las deficiencias nutricionales, los problemas de salud, y la limitada inversión en educación. De esa forma, se determinó que se realizarían transferencias monetarias a las familias con la condición de que se invirtiera en estas tres cuestiones que evitaban romper el ciclo.

Estos programas subsistieron los diversos cambios de gobiernos en el país, manteniendo su esencia de transferencias monetarias condicionadas, y modificando particularidades en el diseño como montos, focalización y cobertura.

La evolución llegó hasta el gobierno en turno que transformó dichos programas sociales de transferencias hacia la incondicionalidad. La percepción creada por algunas fuerzas políticas es que el retirar esa condicionalidad sería como regalar dinero, debido a la falta de obligatoriedad de seguir con la adhesión a los planes de educación y médicas.
Sus discursos, completamente infundados, no solo demuestran una falta de conocimiento sobre la evidencia actual en transferencias sociales, sino un paternalismo sobre las personas en situación de pobreza, al referir que ellos no pueden tomar las decisiones correctas sin una obligación de por medio.

La realidad es que las transferencias no condicionadas también modifican los comportamientos los cuales han sido típicamente condicionados. Así mismo, existe evidencia, que demuestra que la no condicionalidad reduce las tasas de embarazo juvenil y el abandono escolar, efectos no vistos en la condicionalidad, usualmente vinculado a aumentar la tasa de escolaridad y la cobertura en salud.

La lección aquí es, que las transferencias sociales no tratan sobre regalar dinero para gastos en cuestiones superfluos, como algunos medios o actores políticos lo han manejado. Tienen la intención de romper una trampa de la pobreza en la cual se encuentran inmersos millones de mexicanos, siendo que la evidencia de su eficacia es convincente para ello. Frases como “dale un pescado a un hombre y comerá un día, enséñale a pescar y comerá siempre”, para explicar una política social, denota lo que adolece la oposición mexicana, superficialidad.

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