20 febrero, 2024
Radio Sonora
Opinión de Alejandro Zepeda

¿Estado de bienestar mexicano?

Al escuchar sobre el Estado de bienestar se viene a la imaginación los sistemas de salud escandinavos, las pensiones y seguros de desempleo de la Europa continental y todo aquello que se traduce en una vida digna derivado de acciones de un gobierno.
Por lo tanto, cuando en el contexto latinoamericano y mexicano figuras políticas o la prensa mencionan el concepto, nos preguntamos, ¿tenemos un Estado de bienestar? La pregunta se enreda en tener que responder otras, primeramente.
Definir lo que es el Estado de bienestar sería lo inicial. Para efectos prácticos, Esping-Andersen menciona que la definición de manual es la existencia de una responsabilidad estatal en asegurar un modo básico de bienestar para sus ciudadanos. Posteriormente a ello, añade la insuficiencia de la definición y describe los avances teóricos que han empezado a dar respuesta sobre qué es el Estado de bienestar y cómo se ha medido a través del tiempo.
Un indicador clave para poder hacer tal medición podría ser el gasto social de los países, el cual, si bien nos da un matiz sobre las tendencias de protección de un gobierno, la distribución del gasto entre las instituciones encargadas de la protección social, las particularidades en el diseño de los programas y la cobertura de las políticas, nos brindan una mejor aproximación al fin último de las intervenciones. En esto viene implícito la existencia de no solamente un Estado de bienestar, sino de varios.
Derivado de esto, se han realizado diversas clasificaciones, regímenes o tipologías, que pretenden diseccionar los elementos que conforman el Estado de bienestar.
Esping-Andersen realiza una tipología de los distintos regímenes de bienestar en el contexto capitalista europeo dando tres clasificaciones: el Estado de bienestar liberal, que tiene asistencia social en función de medios económicos (means-tested), transferencias sociales modestas, y seguridad social; el Estado de bienestar corporativo, basado en la subsidiariedad, el cual simplemente corrige los problemas o fallas del mercado; y, por último, el socialdemócrata, el cual intenta universalizar todos los servicios públicos, garantizando calidad y financiado por impuestos generales.
​Por otro lado, Vicenç Navarro nos afirma de la existencia de tres pilares que conforman el estado de bienestar: la salud, la educación y las pensiones.
Bajo estas dos clasificaciones, podemos ver que México y la mayoría de los países caen en algunos de los elementos que conforman las distintas categorías. En el caso de México, tenemos universalidad en las pensiones, elemento de la categoría socialdemócrata, y a la vez, los montos de los beneficios son modestos, elemento liberal.
​De esto podríamos decir que, posiblemente, las categorías para definir los distintos Estados de bienestar europeos difícilmente pueden ser extrapolados al contexto latinoamericano. Si bien hay distintos autores que ya realizan un análisis sobre los países en vías de desarrollo bajo la categorización de Esping-Andersen, estos se enfocan mayormente en la transición hacia los diversos regímenes anteriormente descritos, no crean una tipología de su contexto.
​La creación de clasificaciones propias podría ser importante para determinar dónde estamos con relación a los países de la región y de igual importancia, hacia dónde queremos ir.
​En ocasiones, se adoptan conceptos en el discurso político que son tan reiterativos que dejan de significar algo. Neoliberalismo, Estado de bienestar, estos son solamente algunos de los que han sido utilizados indiscriminadamente y que actualmente carecen de valor por lo mismo; una palabra que significa todo, dice nada.
Esto no es una negación de los claros daños que se ocasionaron debido a las reformas estructurales de los años noventa en Latinoamérica, es una invitación a delimitar el concepto hacia lo que es. El abuso de los términos para adjetivar programas o políticas públicas puede ser contraproducente al provocar que el adjetivo no tenga valor y se pierda lo que queremos señalar, sea una serie de imposiciones económicas, delimitadas en unos años, que tuvieron impacto en el estancamiento de los salarios o la capacidad de un Estado para poder brindar satisfacción de los derechos sociales de sus ciudadanos.
En conclusión, la importancia de delimitar conceptos y clasificar puede ser una brújula que nos indique el camino correcto hacia el bienestar. Igualmente, al final, el pacto ciudadano debe de decidir y confirmar si la protección que se le está brindando es suficiente, y así definirá si se encuentra en un Estado de bienestar o no.

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