20 febrero, 2024
Radio Sonora
Opinión de Alejandro Zepeda

Ingreso Básico Universal ¿Izquierda o derecha?

La renta básica universal o ingreso básico universal es una de las alternativas de política social más controvertidas de la última década. Las diferencias principales con otros programas de transferencias sociales, es que este se caracteriza por la extensión de su cobertura, ya que se le brinda a toda la población en general, independiente de su ingreso o vulnerabilidad. Además, es incondicional, lo que significa que no hay un requisito en particular para poder acceder al beneficio (más allá de ser ciudadano).
Dicho instrumento se ha catalogado como una herramienta de redistribución de la riqueza, de erradicación de los costos administrativos en los programas sociales, entre otras. Lo curioso es que esta alternativa no es una propuesta única de la izquierda o derecha, sino que se ha movido considerablemente por el plano del espectro político de lado a lado. Por lo mismo, vale la pena diseccionar un poco sobre la controvertida figura del ingreso básico universal.

Desde el partido español Podemos, con su ingreso mínimo vital; Andrew Yang de los demócratas con su dividendo de la libertad; hasta Ricardo Anaya y su propia propuesta de ingreso básico universal, todos ellos proponen algo similar, pero con diferencias fundamentales.

El ingreso mínimo vital de Podemos, puede ser considerado como una variante del ingreso básico universal, el cual brinda a toda persona con un ingreso menor a una línea base, una compensación para alcanzar dicha línea. Lo mismo sucede con el freedom dividend que propone Yang, otro programa de renta garantizada. Por otro lado, el ingreso básico universal que propone Anaya, significa un ingreso fijado a toda la población independientemente de su ingreso.

Con esto podemos ver que, si bien todas tratan de algún tipo de IBU, hay diferencias claras. La distinción recae en los objetivos que pretenden cumplir cada una de las intervenciones. En el caso de las primera dos es el de proveer un piso mínimo que garantice un estándar mínimo de calidad de vida entre la población. En el tercer caso, que corresponde a la propuesta de Ricardo Anaya, éste se acerca más a la versión pura del Ingreso Básico Universal. En su vídeo del día 30 de mayo del presente año, menciona que esta herramienta la utilizaría para rebasar por la izquierda al partido de Morena.

La realidad es que la propuesta no se le adjudica exclusivamente a la izquierda. De hecho, ha sido gravemente criticada desde algunos sectores progresistas. Este es el caso de Navarro que menciona que, si bien el ejercicio de redistribución salta a los ojos en primera instancia y puede parecer como una opción viable, la realidad es que, en países que no cuentan con los pilares del Estado de bienestar desarrollados (Salud, educación y servicios sociales), implicaría una debilitación de los servicios públicos a cambio de las transferencias, las cuales serían destinadas al gasto en los servicios privados.

Por otro lado, el Centro de investigación Económica y Presupuestaria ya realizó un ejercicio de simulación con distintos montos, concluyendo que, en efecto, se requeriría de la reducción del gasto público en distintos rubros para cumplir con la imposición de la medida.

En el video anteriormente descrito, donde se cita a Banerjee como uno de los proponentes, hay que ser bastante cautelosos, ya que él mismo, como la mayoría de los investigadores en materia de ingreso básico universal, afirman la falta de mayor evidencia de la herramienta en contextos de bajos ingresos. Decir que Banerjee lo propone, así sin mayor explicación, es simplificar una idea para que se adapte a una propuesta política.

En definitiva, vale la pena explorar cualquier herramienta que tenga la posibilidad de mitigar la pobreza. Aunque, en el caso del IBU, existe un debate acalorado de si sus beneficios superan los altos costos, e implementar un programa de tal escala en un país como México, que no cuenta con instituciones que proveen servicios de gran calidad y altos índices de pobreza, sin mayor investigación, es claramente irresponsable. Sin duda, en caso de la implementación, habría perdedores y ganadores, ya que los que están actualmente recibiendo programas sociales podrían recibir menos recursos, causando efectos regresivos.

Creo que, dentro de la izquierda, estamos de acuerdo que el Estado debe de proveer de servicios públicos dignos y de la importancia de tener un financiamiento suficiente que logre dichos resultados. Entonces, afirmar que un programa es de izquierda, a sabiendas de la debilitación de los pilares de bienestar me parece incongruente.

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