Mientras el presidente Donald Trump se prepara para aterrizar en Pekín en cuatro semanas, el gobierno de China ha endurecido su postura, calificando las acciones de la Marina estadounidense como “peligrosas e irresponsables”.
Esta visita, concebida para redefinir la relación bilateral tras meses de negociaciones encabezadas por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, se ve empañada por la drástica reducción de las exportaciones de petróleo iraní, del cual el 90 por ciento era adquirido por China antes del inicio de la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel.
El líder chino, Xi Jinping, manifestó recientemente que el mundo no puede arriesgarse a volver a “la ley de la selva”, en una referencia velada a las declaraciones de Trump sobre prescindir del derecho internacional, mientras que su cancillería acusó a Washington de un “bloqueo selectivo” que agrava la confrontación. Por su parte, la relación se ha vuelto aún más delicada tras los informes de que China aceptó no enviar armas a Irán, un acuerdo que Trump comunicó este miércoles tras solicitar garantías de que no se utilicen misiles de hombro chinos contra fuerzas aliadas, bajo la advertencia de imponer aranceles del 50 por ciento en caso de incumplimiento.
A esta tensión se suma la revelación de documentos filtrados que señalan que Irán adquirió en secreto el satélite espía chino TEE-01B a finales de 2024, tecnología que ha permitido a la Guardia Revolucionaria identificar y vigilar instalaciones militares clave de Estados Unidos. Ante este escenario, el mandatario estadounidense recordó a su homólogo que, aunque espera ser recibido con un «gran abrazo» en mayo, su país es «mucho mejor que cualquier otro» peleando si fuera necesario, subrayando la fragilidad de una cumbre que podría verse descarrilada por el conflicto en Irán y los posibles enfrentamientos navales en el estrecho.



