Dormir debería ser una de las funciones más básicas del cuerpo humano, pero en México cada vez es más difícil lograrlo.
Datos de la Secretaría de Salud Federal revelan una tendencia alarmante: cerca del 45% de los adultos presenta algún tipo de trastorno del sueño, mientras que solo 3 de cada 10 personas duerme más de siete horas diarias, el mínimo recomendado por especialistas.
El problema no se limita al cansancio.
Se estima que casi uno de cada cinco adultos sufre insomnio clínico, y cerca del 48% de la población ronca, lo que puede estar relacionado con trastornos respiratorios durante la noche.
En zonas urbanas, el estrés, las jornadas laborales extensas y el uso excesivo de pantallas están alterando los ciclos naturales del sueño. En adolescentes, el problema crece por el uso nocturno de dispositivos electrónicos. En adultos mayores, se agrava por enfermedades crónicas.
El especialista en medicina integral Jorge Rubén Béjar Cornejo, director de la Unidad Diagnóstica de Avanzada, manifestó que el sueño no es solo descanso pasivo, sino una función vital del organismo.
“El sueño es una actividad fisiológica necesaria e indispensable, cuando se está en el sueño, el cerebro realiza, vamos a ponerlo en un símil con computadoras, realiza múltiples procesos de mantenimiento, establece nuevas redes neuronales, lo cual favorece el aprendizaje, la memoria y se lleva a cabo la limpieza de muchos productos y hormonas que su acumulación puede ser tóxica”, dijo.
Dormir mal tiene consecuencias profundas en la salud: aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, síndrome metabólico, diabetes e incluso ciertos tipos de cáncer. También incrementa la probabilidad de accidentes y errores graves.
Béjar Cornejo enfatizó además la importancia de la higiene del sueño.
“Siete horas sería el óptimo, si bien es cierto que los niños y los adolescentes deberían dormir hasta nueve horas. Eso sería lo óptimo”, mencionó.
Por su parte, el nutriólogo Alfonso Molina, de la clínica de medicina familiar del ISSSTE, explicó que el descanso también se construye desde la alimentación.
“Si nosotros tenemos una alimentación, una dieta, un plan de alimentación bajo en triptófano, realmente la producción de melatonina, que es la hormona que ayuda a que duramos bien, a que descansemos, entre otras cosas, pues el sueño va a ser muy eficiente”, expuso.
Agregó que una alimentación adecuada puede mejorar el descanso, mientras que el consumo frecuente de alimentos ultraprocesados impacta negativamente tanto en la salud como en los hábitos de sueño.
También señaló que cada vez es más común atender pacientes con dificultades para dormir relacionadas con su estilo de vida.
“Es muy común. La gente que tiene dos trabajos, que trabaja largas jornadas, que está muy estresada pues no come bien por sus horarios laborales. Entonces, es muy común que la gente ni siquiera duerma 6, 7 horas”, afirmó.
Para Marcos Esquer, dormir no es una rutina, sino una lucha diaria.
“He tenido insomnio prácticamente 25 años de mi vida, que es un trastorno demasiado difícil, que lo que padecemos este lamentable problema nos afecta en la memoria, nos afecta en lo que es la fatiga extrema, en cambio de humor y puede detonar enfermedades crónicas degenerativas como diabetes”, comentó.
A pesar de haber acudido con distintos especialistas y tratamientos, su problema persiste.
Trabajar durante años en turno nocturno rompió por completo el ciclo de sueño y terminó afectando la salud de Norma.
“Mis ritmos de sueño están alterados, lo que siento que me ha afectado mi estado de ánimo y salud en general, he desarrollado irritabilidad y episodios de estrés, además de algunos problemas digestivos”, argumentó.
Trabajar de noche, vivir bajo presión constante o mantener hábitos poco saludables está rompiendo el equilibrio natural del cuerpo.
El insomnio en México ya no es un problema individual, sino una crisis de salud pública silenciosa.
Entre el estrés, la tecnología y los hábitos de vida, el país duerme cada vez menos y cada vez peor.
Dormir bien ya no es un lujo: es una necesidad urgente.



