El mejor de los requintos. Voces que se intercalan y puras de aquellas. De aquellas significan de nuestra época que también es esta, la contemporánea, la de la generación del tik tok. El trío de la experiencia y complacencias, el sonido de la añoranza y felicidad.
El canto de celebración por los noventa de natalicio. También porque se hace público Psicotemas que es el título de su primer libro publicado (vendrán otros).
Álvaro Ortega Méndez es oriundo de Pitiquito, Sonora, la región donde adolescente ordeñó vacas, donde fue criado con leche de burra, a la postre: su aprendizaje repartido: mentor consumado y comprometido.
Fue el sábado pasado cuando nos reunimos para celebrar cada uno de los días de su presencia en la vida, en compañía de amigas y amigos, hijos y nietos, sobrinas y sobrinos, la cofradía de la fraternidad. Estuvimos en derredor de él, escuchándolo y abrazándolo, viendo como su gesticulación irradiaba toda la añoranza y dignidad.
Hubo pastel y un platillo por demás exquisito. El momento que lo amerita todo. Un niño o dos halando de la camisa a su padre, el recorrido que es extensión de los genes de don Álvaro: qué chulada.
Dieron ganas de bailar y ante el pudor sólo tararear esas rolas al son del bolero, empero, la conversación nos ilustró de la sabiduría del festejado, del amor por la familia, de la integridad cuando los libros han sido y son compañía consuetudinaria.
Dijo y dice don Álvaro, que Psicotemas es el recuento de sus opiniones en el diario El Imparcial, donde durante años colaboró como columnista, digo yo que soy su lector, que el contenido del título de marras, es un manual para la reflexión, y pienso el atino que sería que estudiantes normalistas, padres de familias, tutores y prefectos, tuvieran en sus manos y ante sus miradas. La vida nos daría un vuelco, porque las sugerencias, conclusiones, propuestas, se convierten en guía para la formación de sociedades, dentro del aula y/o dentro del hogar.
Por eso la festejancia, porque hay pensamiento, compromiso, el acto de repartir y repartirse, darse en mil pedazos que abarcan noventa años donde febril la mirada…



