El respaldo ciudadano a la gestión económica del presidente Donald Trump se desplomó durante el último mes, alcanzando apenas un 30% de aprobación, según la más reciente encuesta de AP-NORC.
Este retroceso ocurre en un contexto de creciente malestar social derivado de la ofensiva militar contra Irán, que ha disparado los precios de la energía y el índice de precios al consumidor.
El sondeo, realizado entre el 16 y el 20 de abril, revela una marcada contradicción entre las promesas de campaña del mandatario republicano y la realidad del mercado. A pesar de que Trump aseguró una reducción drástica en los costos del combustible, el precio de la gasolina se disparó tras las acciones bélicas de febrero y la inestabilidad en el Estrecho de Ormuz. Aunado a esto, sus constantes amenazas arancelarias han sumido a diversos sectores en la incertidumbre, provocando una ralentización en la contratación que contrasta con su retórica de una «época dorada».
El descontento no se limita a la oposición, sino que ha comenzado a permear en las filas republicanas y entre los votantes independientes, quienes muestran signos de desilusión frente al rumbo económico del país, ejemplo de ello es el testimonio de Kathryn Bright, capitana retirada de la Fuerza Aérea, quien manifestó sentirse «traicionada» por el mandatario. Por su parte, el respaldo en el sector independiente descendió a solo dos de cada diez adultos, mientras que entre los republicanos la opinión positiva bajó del 74% al 62% en apenas un mes.
A pesar de que la inflación se sitúa ligeramente por encima del 3% y el índice de precios al consumidor aumentó un 3.3% anual en marzo, el presidente ha minimizado el impacto de la crisis energética.
En declaraciones recientes, afirmó estar «sorprendido» de que el barril de petróleo ronde los 90 dólares, señalando de forma irónica que él esperaba niveles cercanos a los 200 dólares, una postura que ha generado críticas ante la presión que el costo de vida ejerce sobre las familias estadounidenses.



